Falso cognado
Ya casi amanecía. Ana continúa despierta, pero recostada, viendo el techo.
¿Por qué el tribadismo le resultaba tan atractivo?
Es decir, eso de hacer la
tijera cortando papel bond,
qué delicia para el oído
el roce del filo frente a
las fibras más carnosas
de su cuerpo vibrando y expandiéndose en grandes
reverberaciones pleonásmicas de aquel tratado sobre la mutilación genital,
el dolor aunado a los placeres de desprenderse de sí misma en una serie de convulsiones autómatas.
El tiempo mató su orgasmo en un aullido lastimero tapado con las sábanas; su mano reposa entre sus piernas, empapadas. Aún podía reconocer el dolor que le había dejado aquella... algo que no sabía si encontraría de nuevo. Más razones para pedir al boticario…
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